Nadie que tenga presente la difícil situación de Darfur puede dejar de simpatizar con los
objetivos de la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados, cuyo
informe, "La Responsabilidad de Proteger" fue publicado en el año 2001. La Responsabilidad de
Proteger (o "R2P" como se lo conoce en Inglés y como será referida en este texto) radicó en la
comprensible frustración con las repetidas faltas de intervención en casos de atrocidades de gran
escala. R2P pretendió evitar los peligros (y ambigüedades) de la "intervención humanitaria."
Cambió el centro de atención del controvertido "derecho" de los estados a intervenir a la
responsabilidad de todos los Estados de proteger a las personas de catástrofes evitables.
Asimismo, pretendió evitar los límites de la "intervención" enfatizando la responsabilidad de
prevenir, de reaccionar y de reconstruir. Tal como lo entendió la Comisión, para que R2P "esté
justificada ha de existir o ser inminente un daño humano grave e irreparable."2 Esto casi siempre
involucra grandes pérdidas de vidas humanas, reales o previsibles, con o sin intención genocida,
que sean consecuencia de la acción deliberada de un Estado, de su negligencia o incapacidad de
actuar o del colapso de un Estado. R2P dispararía la responsabilidad subsidiaria de la comunidad
general de Estados cuando (1) un Estado concreto no quiere o no puede cumplir su
Responsabilidad de Proteger, (2) cuando un Estado en concreto es el autor material de esos
crímenes o atrocidades, o (3) "cuando las acciones que tienen lugar en dicho Estado suponen una
amenaza directa para otras personas que viven fuera de él." En la cuestión crucial acerca de
quién es la autoridad competente para autorizar la intervención militar, la Comisión indicó que el
Consejo de Seguridad sería el puerto de entrada pero no excluyó la posibilidad de que R2P
podría ser últimamente ejercida por la Asamblea General, una organización regional, o inclusive
una coalición de buena voluntad. Consciente de las potenciales intervenciones militares
injustificadas, la Comisión estipuló que la invocación de R2P, deberá para ser legítima, invocarse
"causa justa," intención correcta, último recurso, medios proporcionales, y posibilidades
razonables de poder atajar o evitar el sufrimiento.
Los "emprendedores jurídicos" detrás de la teoría de R2P han sido notablemente
exitosos. La teoría de R2P emigró, por cinco años, desde el mundo de las ideas académica al
Informe de diciembre del 2004 del Grupo de Alto Nivel sobre las Amenazas, los Desafíos y el
Cambio, al Informe del Secretario General de las Naciones Unidas de 21 de marzo de 2005 "Un
Concepto Más Amplio de Libertad," a la Resolución 60/1 de la Asamblea General, y más
recientemente, la Resolución 1674 del Consejo de Seguridad (abril 2006), en la cual el Consejo
"reafirma" la "responsabilidad de proteger a las poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad." R2P fue considerada el único
"éxito inequívoco" de la Cumbre Mundial de septiembre de 2005, donde fue apoyada tanto por el
entonces Embajador Estadounidense, John Bolton, como por el Movimiento de Países No
Alineados.
Nuestro instinto debería prevenirnos de que hay algo que está mal con una idea que
puede ser suscripta por tan extraños compañeros de cama, y así lo es. R2P ha atraído a tantos
porque es susceptible a demasiados propósitos cruzados. Deberíamos tener cautela en
transformarla de una herramienta política a un principio jurídico.
Muchas de las recientes invocaciones a R2P guardan cierta distancia de su concepción
original y medular como principio de excepción a la responsabilidad jurídica del intento de
salvar vidas del buen Samaritano. Tanto académicos como burócratas lo han citado de las
siguientes maneras: como imponiendo un deber de proteger artículos de arte nacional; para
justificar la invasión a Iraq en el 2003 (como parte del deber de proteger a las personas de la
tiranía o para sancionar a un régimen por atrocidades a gran escala cometidas con anterioridad);
para justificar los deberes del Estado en proteger su población de actos terroristas (incluyendo
mediante la implementación de múltiples tratados multilaterales de contraterrorismo y los varios
edictos del Consejo de Seguridad) o de violaciones a sus derechos dando lugar a la guerra contra
el terrorismo (como han hecho los Canadienses); para incluir el deber de prevenir a que Estados
y los actores no estatales puedan adquirir Armas de Destrucción Masiva; o hasta para justificar el
uso "cosmopolita" de fuerzas militares preventivas para promover la democracia y al Estado de
Derecho.
Muchos defensores de R2P se horrorizan de tales aplicaciones de R2P por parte de los
"falsos amigos." Pero el mal uso expansivo de R2P se encuentra en su alma esquizofrénica. No
deberíamos culpar a "algunas manzanas podridas" por el multipropósito y multiuso de R2P -- no
menos que los Estados Unidos puede continuar sugiriendo que algunas "manzanas podridas"
fueron responsables por los horrorosas violaciones a los derechos humanos cometidas por
agentes estadounidenses en su lucha contra el terrorismo.
Consideremos la elasticidad y ambigüedades de tres aspectos medulares de R2P.
La Redefinición de Soberanía
R2P intenta reorientar la interpretación del concepto sacrosanto de soberanía incluido en
la Carta de las Naciones Unidas como el de jurisdicción interna e integridad territorial para
reflejar valores "contemporáneos." Los creadores de R2P puede que no les guste que el
concepto haya sido interpretado para significar que los miembros de la ONU sólo gozan de una
"soberanía condicional" y que sólo retienen sus derecho ordinarios bajo la Carta si cumplen con
el mínimo de sus obligaciones de derechos humanos y sus obligaciones internacionales con
respecto al resto de los Estados, pero los que hacen este punto, tal como Anne-Marie Slaughter,
están siendo fiel al concepto medular. Cuando Richard Hass, como director de políticas de
planeamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos redujo R2P a una frase para
calcomanías, "abúsate y lo pierdes," estaba capturando la premisa de R2P de que la existencia de
un Estado tiene tan sólo un valor "instrumental" y no "intrínseco."
R2P trata a la soberanía más como un obstáculo que una protección, y a la Carta de las
Naciones Unidas, menos garante de la soberanía que garante de los derechos individuales. ¿Por
qué debiéramos estar sorprendidos si esta soberanía debilitada prueba ser más atractiva, entre
otros, al poder militar y económico más poderos del planeta que reclama el poder de utilizar de
forma "preventiva"3 su fuerza en cualquier lado y en todos lados?
Noción expansiva de lo que significa "proteger"
El uso original de R2P de la Comisión ponía énfasis en la necesidad de actuar para
prevenir un inminente daño humano, tal como señalé más arriba. Contrario a posteriores
utilizaciones de R2P que trataron de confinar el uso de las fuerzas militares al Consejo de
Seguridad, la Comisión dejó abierta la posibilidad de que otros puedan recurrir a R2P en caso de
que el Consejo no actuase. Esto fue consistente, después de todo, con el énfasis que puso R2P en
las necesidades de las poblaciones sobre las de otras abstracciones, particularmente los gobiernos
y los Estados. Sin perjuicio de las mejores intenciones de la Comisión, es altamente dudable que
la misma comunidad internacional que hasta ahora no ha podido ponerse de acuerdo en una
definición comprensiva de "terrorismo" pueda ponerse de acuerdo en definir términos tan
elásticos (y cargados de connotaciones políticas) como "causa justa," "intención correcta," y
"posibilidades razonables de poder atajar o evitar el sufrimiento." Ninguno de estos términos
tiene una definición precisa en el Derecho Internacional. No da confianza que los autores de la
Estrategia Nacional de los Estados Unidos, quienes invocan la doctrina del uso de la fuerza
"preventivas," probablemente no tuvieran dificultad con términos tan elásticos.
Tanto R2P como la mencionada doctrina del uso de fuerzas preventivas se basan en la
doctrina de "causa justa" que precedió a la Carta de las Naciones Unidas. En el corazón de
ambos se encuentra la bizarra, aunque como nos enseña la historia, irresistible triste idea de que
estar en guerra, inclusive una guerra "preventiva," es a veces necesario para proteger la
"dignidad, justicia, valor y seguridad" de los individuos. R2P se basa en la proposición de que
mientras ir a la guerra es un error, puede ser, como argumenta Gareth Evans, un "mayor error
aún" no ir a la guerra "para proteger otras vidas humanas de una catástrofe cuando debiéramos."
Noción expansiva de "seguridad"
No debería causarle sorpresa a nadie que R2P ha sido usado para justificar acciones
contra los terroristas así como para proteger los que son capturados en la guerra contra el
terrorismo. Aunque el Consejo de Seguridad y otros han tratado de limitar R2P a acciones
contra la comisión de reconocidos crímenes internacionales, R2P en su forma original permitía reacciones contra "daños serios e irreparables. que involucran la pérdida humana a gran escala"
sin importar como ocurran, incluyendo el resultado de la falta de acción de un Estado. Aquellos
que enfocan en la necesidad de modificar la gran escala de pérdidas humanas a penas se pueden
quejar si, bajo R2P, algunos Estados señalan que esos peligros emergen tanto de acciones
terroristas como de genocidas.
Un concepto nacido de la necesidad de proteger personas en grave riesgo parece
fácilmente adaptable para aquellos semejantes riesgos creados por terroristas armados con Armas
de Destrucción Masiva. También parece fácilmente adaptable para proteger a aquellos en riesgo
de ser enviados a secretos campos de detención o tierras foráneas donde existe la tortura.
Dos gritos de aliento para la intervención humanitaria
Dada la esquizofrenia de R2P, los límites de la intervención humanitaria, tan criticadas,
merecen una segunda mirada. Contrario a R2P, el énfasis en "humanitaria" en la intervención
humanitaria requiere la atención a graves crímenes internacionales que se siguen cometiendo o
quizás aquellos en peligro debido a desastres naturales; cuestiones "humanitarias" no abrazarían
ordinariamente crímenes pasados, regímenes no democráticos, o amenazas de actos terroristas.
La intervención humanitaria, como los seguidores de R2P han señalado con razón, hace
poco para amenazar los tradicionales derechos de los soberanos. Por el contrario, la referencia a
"intervención" enfatiza lo opuesto: la regla ordinaria es la no intervención. La intervención
humanitaria no sugiere que, cuando los Estados ratifican la Carta de Naciones Unidas, éstos
pierden su soberanía. La intervención humanitaria, por más ambigua que sea su delimitación,
nunca fue concebida como algo que no sea un suplemento a las reglas existentes de Derecho
Internacional, incluyendo la legítima defensa. Contrariamente a R2P, la intervención
humanitaria no aspira a reorientar fundamentalmente a un sistema legal Estado-centrista lejos del
Estado-centrismo.
Si los fracasos del Siglo XX de intervenir nos trajo R2P, la interminable "guerra" al
terrorismo del Siglo XXI y el fracaso de Irak nos fuerza a apreciar los méritos de la pasada de
moda intervención humanitaria.
José E. Alvarez
Footnotes
[1]Con agrado recibo sus comentarios a mi dirección de correo jalvar@law.columbia.edu. Traducido con la
colaboración de Pablo Falabella. Para una versión más larga de este artículo con sus correspondientes citas, por
favor ver discursos y documentos en http://www.asil.org/aboutasil/president.html.
[3]La determinación de la Corte de que Serbia es responsable de no haber entregado a Mladic a la ICTY para enfrentar los cargos de genocidio, párrafos 448-49, nos lleva a mirar con extrañeza la decisión de la Corte de basar su raciocinio en la ausencia de una declaración de culpabilidad en ese mismo caso.