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ASIL Newsletter: Notas del Presidente
Hacia Nuestra 101ª

Mayo/Junio, 2006

Volume 22, Issue 3
In English

Por tradición, en su primera reunión del Consejo Ejecutivo, los Presidentes de la Sociedad entrantes proporcionan una visión general de sus intenciones. Aquí hay algunas de las declaraciones formuladas por el Presidente de la ASIL José E. Alvarez en la cena-reunión del Concejo del 30 de marzo de 2006.

No preví que mi primer acto como Presidente entrante sería participar en una "conversación" entre una famosa presentadora de televisión mejor conocida por su rol en uno de los recientes debates presidenciales, la Secretaria de Estado de EE.UU., el Presidente del Tribunal Mundial y la primera mujer en ser nombrada en la Corte Suprema de EE.UU. Fue un momento "¿Dónde está Waldo?". Me sentí como la respuesta a un examen de alternativas: "¿Cuál de los siguientes elementos no pertenece al conjunto?".

Espero que durante mi presidencia muchos otros hombres experimenten la misma inseguridad. Los paneles de nuestras reuniones anuales debieran provocar algún grado de incomodidad entre los panelistas masculinos. Después de todo, por demasiado tiempo nuestra Sociedad le dio sólo representación simbólica a las mujeres y las minorías; el tiempo para cambiar las cosas significativamente llegó hace mucho. Quisiera que mi presidencia sea un tiempo para ir más allá de los sospechosos de siempre; un tiempo en que destruyamos el mito de que la Sociedad - y, por extensión, el derecho internacional - sólo tiene interés para los hombres blancos liberales que viven en determinados estados "azules" del noreste.

Este compromiso es personal. Yo emigré hacia los Estados Unidos a los seis años de edad, con padres que nunca habían aprendido inglés y cuya educación no iba más allá de la secundaria. Soy el primer miembro de mi familia extendida en completar el bachillerato universitario; el único en vivir fuera de la comodidad de los entornos en que la mayoría es latina. A pesar de que hoy sería considerado en todo excepto origen y nombre - un exótico en medio de la ilustre lista del tazón de café de los presidentes de la ASIL - otro miembro de la elite tradicional blanca, la educación y la buena suerte que permitieron esta transformación nunca lograron remover por completo mi sentido de mí mismo como un ajeno. El lograr llegar a aquellos que están fuera del grupo dominante, ya sea por política, geografía o bien estatus social o de otro tipo, me resulta natural. Quiero que nuestra Sociedad sea tan acogedora como este país lo ha sido conmigo. Quiero que más minorías y mujeres, más habitantes de la costa oeste y del medio oeste, más republicanos, más "extranjeros" y más personas con carreras fuera del derecho sean parte de nosotros. Sin importar que esté bien o mal que nuestro país pretenda democratizar el mundo, no debiera ser motivo de controversia el que queramos democratizar nuestra Sociedad. Todos aquellos interesados en los asuntos "extranjeros" (o que crean que ya no existe categoría semejante) debiesen ser parte de nuestra empresa común.

La búsqueda de la diversidad explica por qué le he solicitado a mis nuevos coorganizadores del programa de la 101ª reunión - William Aceves de la Escuela de Derecho California Western, Chantal Thomas de la Escuela de Derecho de la Universidad de Fordham, y Charles Hunnicutt de Troutman Sanders, LLP - que se resistan a nombrar miembros de su propio comité para los paneles, que eviten convertirse ellos mismos en panelistas de la 101ª reunión anual, que desistan de permitirle a persona alguna repetirse el plato en el programa de la reunión, y que encuentren más "voces nuevas" mediante postulaciones abiertas. En este fervoroso momento para nuestra disciplina debiéramos contactarnos con personas de otras disciplinas, con colegas académicos que no se ven a sí mismos "haciendo" derecho internacional pero que están crecientemente involucrados en asuntos internacionales, así como con otros grupos, tales como la sección de derecho internacional de la Asociación Estadounidense de Abogados [AMERICAN BAR ASSOCIATION], la Asociación de Derecho Internacional [Internacional Law Association] y el Consejo para Relaciones Exteriores [Council on Foreign Relations]. También debiésemos estar a la altura del calificativo de "American" en nuestro nombre -- realizando proyectos conjuntos con instituciones tanto al norte como al sur de nuestra frontera (como hemos comenzado a hacer con el Comité Judicial Interamericano de la Organización de Estados Americanos). Debiéramos continuar reforzando nuestra exploración de preocupaciones comunes con otras sociedades devotas a la educación en el extranjero (como hemos hecho recientemente en India y China, y haremos mediante proyectos a realizarse este verano con las sociedades de derecho internacional de Australia y Nueva Zelanda, Japón y Canadá).

La Sociedad está también en un estado de transición en otros sentidos. El término de 2006 marcará el fin del mandato estatutario de 12 años de nuestro director ejecutivo. Tal como estamos diversificando las actividades de nuestro programa, debemos diversificar también nuestro financiamiento para incluir nuevos fondos concursables y patrocinios. Y para extender el éxito que hemos tenido con jueces, miembros del Congreso y sus respectivos equipos, así como con los medios de comunicación y el público general, necesitaremos encontrar formas creativas para tener mayor cantidad de abogados dentro de la Casa Tillar, por medio de pasantes y académicos visitantes. Con un poco de imaginación, la ASIL podría surgir como un nuevo tipo de think-tank situado en Washington, D.C., una organización dirigida por sus miembros que logre juntar investigación con extensión. La Sociedad necesita también volver a dedicarse a sacar adelante el derecho internacional mediante la promoción del desarrollo profesional de los abogados internacionales. El interés sin precedentes que el derecho internacional despierta en estos momentos, tanto en nuestro gobierno como en las firmas de abogados del país y entre los decanos de las facultades de derecho, le otorga a la Sociedad numerosas oportunidades para establecer grupos de oradores para atender a oficinas relevantes del gobierno (y no sólo a la oficina del Consejero Legal del Departamento de Estado), programas para abogados en ejercicio que tengan tanto interés en referirse a asuntos de interés público general como a temas de interés más facturable, y herramientas útiles que le ayuden a las escuelas de derecho enfrentadas al reto de incluir el derecho internacional o transnacional en los currículums de la educación legal. El mejorar la calidad del trabajo de los abogados internacionalistas implica también superar nuestra complacencia, nuestra presunción grociana de que el bienestar mundial mejora invariablemente al recurrir con mayor insistencia a mayor cantidad de reglas e instituciones internacionales. El estudio del derecho internacional no debiera ser confundido con una celebración irreflexiva del mismo. Para lograr este objetivo, esperaría ver más programas de desarrollo profesional tales como la Conferencia de Derecho Internacional para profesores de derecho que tenemos programada para el verano de 2007, patrocinada en conjunto con la Asociación de Escuelas de Derecho Estadounidenses [Association of American Law Schools] sobre el tema "¿Qué errores cometimos cuando enseñamos y escribimos sobre el Derecho Internacional?".

Finalmente, necesitamos aceptar que incluso las sociedades "instruidas" no operan en torres de marfil. Tal como nos recuerda la iniciativa de Ben Davis, profesor asociado del University of Toledo Collage of Law, para que la Sociedad emitiera una resolución respecto de los temas surgidos a raíz de la "guerra" contra el terrorismo, a veces el mundo quiere oír nuestro juicio colectivo - y nos juzgará duramente si evitamos hacerlo. Por razones que expliqué en mi primer columna en el IL Post, en la que apoyé la resolución finalmente adoptada en nuestra 100ª reunión, estoy preocupado de cómo llegamos a ella y he nombrado un comité presidido por Miriam Shapiro, de Summit Strategies Internacional, para elaborar mejores procedimientos sobre cómo manejar iniciativas similares. Inspirado en parte por los comentarios publicados en la internet sobre la resolución Ben Davis, he nombrado también un equipo de trabajo presidido por Detlev Vagts, de Harvard, para estudiar las responsabilidades profesionales de los abogados internacionalistas.

Estos son, entonces, algunos de los asuntos contemplados en mi agenda de corto plazo para transformar la Sociedad en formas que complementen las transformaciones que están ocurriendo dentro del Derecho Internacional.

José E. Alvarez

 
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