IL.post from the American Society of International Law
President's Column
March 31, 2008
La entrevista de salida [1]
José E. Alvarez

La Presidente entrante de la ASIL, Lucy Reed, le hizo algunas preguntas al Presidente saliente José E. Álvarez.

P: De mi punto de vista, una de sus contribuciones públicas más importantes como Presidente de la ASIL ha sido sus columnas presidenciales – unas 20 en total, traducidas al español por primera vez. Habiendo vuelto a leerlas, estoy impresionada por la amplitud de temas, su compromiso a la enseñanza y a mejorar la enseñanza y su voluntad en afrontar temas controversiales. En el momento de este escrito, ¿cuál fue su columna favorita? ¿Y ahora que puede mirar hacia atrás?

R: Primero quiero expresar mis gracias a los maravillosos estudiantes de Columbia quienes me asistieron en traducir mis columnas: José Manuel Simian (columnas 1-12), Pablo Falabella (columna 14), Elizabeth Briones Gomez (columnas 16-18), y Noemí Abasta-Vilaplana (columnas 19-20).

La más divertida fue “La magia del derecho internacional.” Mi campo es el derecho y no la literatura, y por razones obvias, al menos durante mi tiempo como Presidente y profesor de derecho de tiempo completo, tuve poco tiempo para leer por placer. Esa columna fue escrita después de nuestra Juta Anual y después de que habían terminado las clases de primavera, y cuando por fin tuve tiempo de leer por un par de días simplemente por diversión. Generó varios comentarios animados de los lectores (incluyendo algunos de los lectores de habla hispana, lo cual me motivó a hacer una segunda y mejor traducción que la original). Hasta fue citada en un sitio de internet fascinante del cual nunca había escuchado dedicado al derecho y la magia. También genero un comentario de un académico europeo quien expreso maravilla hacia como pude mantenerme tan sanguíneo acerca de la “magia” de un campo que últimamente se ha convertido en algo menos que mágico, incluyendo por las acciones de nuestro propio gobierno. Mientras que el punto de mi columna no era que vivimos en ‘el mejor de los mundos posibles,’ concedo que mi columna quizá le puso un brillo estilo Pangloss a nuestro campo. Yo creo que mi favorita el día de hoy sería la que la siguió inmediatamente, mi discurso Presidencial (“El futuro de nuestra sociedad”). Esa columna incluye mi lista notoria de las “50 maneras en las que el derecho internacional daña nuestras vidas.” Esa lista fue mi momento mucho menos sanguíneo estilo David Kennedy, y fue el yin oscuro del antiguo yang luminoso.

P: Usted ha escrito columnas acerca de “La ‘sociedad en la ASIL” (junio 2006), “El ‘norteamericano’ en la ASIL” (noviembre 2006) y hasta una columna en el Boletín acerca de “La sociedad del derecho internacional” (invierno 2007). ¿Le gustaría decir algo al respecto del “derecho internacional” en la ASIL?

R: Siempre tuve la intención de escribir una columna, quizá dos, acerca de las partes “derecho” e “internacional” de nuestro nombre, pero nunca lo terminé haciendo. Quizá es mejor que no lo hice, puesto que lo que hubiera dicho sería demasiado obvio. La parte “derecho internacional” del nombre de nuestra sociedad es igual de desorientadora como la parte “norteamericana.” Nuestro campo ya no se trata solo del derecho ‘inter-nacional’ o siquiera inter-estatal en el sentido que tenía la intención Jeremy Bentham. El “derecho de naciones” abarca virtualmente todos los temas que toca el derecho nacional y ya no se trata solamente acerca de las relaciones entre los soberanos. Sus objetos incluyen actores no-estatales (desde ONGs hasta individuos y corporaciones multinacionales), su dominio es tanto público como privado (desde el hogar hasta el piso de la fábrica) y sus legisladores incluyen servidores civiles internacionales, organizaciones internacionales, redes de gobierno transnacionales, y comunidades diversas epistémicas (desde los librecambistas hasta los reguladores de aeronáuticas). Y no estamos hablando solo acerca de la “ley” en el sentido que quería decir John Austin. Para la angustia de los críticos positivistas del “derecho suave,” como Propsper Weil o Jan Klabbers, la ASIL ha experimentado tanta ‘expansión inadvertente de su misión’ como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

P: Viendo hacia atrás hoy hacia el principio de su presidencia en la primavera del 2006, ¿cuáles temas permanecen siendo los más importantes en el derecho internacional?

R: Mi término presidencial comenzó efectivamente cuando, como el miembro menos distinguido de un panel que consistía de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, la Juez Sandra Day O’Connor, y la Juez Rosalyn Higgins, me atreví a sugerir que algunos de “nuestros miembros” tenían dudas acerca del compromiso de nuestro gobierno hacia el estado de derecho nacional o internacional dadas sus acciones en la “guerra” contra el terrorismo. Desafortunadamente, como lo sugiere mi columna de las Notas del Presidente acerca de “Torturar al derecho (de nuevo)” (ASIL Newsletter, Oct/Dec. 2007), nosotros, como también el resto del mundo, aún estamos tratando de “equilibrar” las nuestras preocupaciones respecto a la seguridad nacional con el estado de derecho. Yo sigo creyendo que la mejor forma de lograr la primera cosa es apegándonos a la segunda. El tema más imperativo para los Estados Unidos ahora es reganar su estatus como un país que se acata a las leyes y que tiene la voluntad de respetar a otros países (y a sus nacionales). Solo si logramos eso, podremos ejercer el liderazgo necesario para reformar la gobernación global de maneras que harán que la ley sea capaz de lidiar con los retos básicos, desde las amenazas ambientales hasta la atrocidades masivas. Pero la siguiente generación tendrá que hacer que las nuevas formas de gobernación global sean más contables y responsables. No podemos esperar resolver los problemas de legitimidad de las instituciones como la Organización Mundial de Comercio, la ONU, el Banco Mundial, o ICSID simplemente por medio de añadir y batir a unas cuantas ONGs y pretender que esto les responderá a los más pobres de los pobres o a las necesidades de la ‘sociedad civil internacional.’

P: Continuando con el tema de sus columnas presidenciales, una de mis favoritas personales es “La ‘sociedad” en la ASIL,” en la cual acentuó el discurso principal del Juez Higgins en el Centeno que se enfocaba en las “complejidades inevitables de nuestra disciplina” y en las complejidades paralelas de ser una Sociedad de abogados internacionales con “puntos de vista frecuentemente divergentes.” Dentro de los retos relacionados a la diversidad que enfrentamos, está “la guardia vieja” contra los “jugadores nuevos desconocidos.” ¿Tiene algunas palabras de sabiduría en cuanto a si hacemos lo suficiente, o demasiado, para abrir oportunidades para nuestros académicos o practicantes jóvenes?

R: En otra columna reciente, sugerí que nuestra universidad invisible está siendo democratizada (“La democratización de la universidad invisible”). Los “jugadores nuevos” ahora tienen muchas avenidas para expresar sus puntos de vista, especialmente en el Internet, y necesitamos continuar adaptando a los métodos de comunicación de la ASIL para reconocer y fomentar esto. No hemos hecho ni siquiera cerca de lo suficiente que debemos hacer para tomar ventaja del Internet. Mis columnas fueron un paso modesto en esa dirección y espero que los presidentes futuros de la ASIL encuentren formas de reformar otras publicaciones, incluyendo AJIL e ILPost, para tomar ventaja mejor de las oportunidades que ofrece el Internet para tener interacciones oportunas y a buen tiempo entre todos nuestros miembros, nuevos y viejos. Al mismo tiempo tenemos que estar conscientes de que varios de los miembros de “la guardia vieja” comprensiblemente resienten algunas de estas intrusiones, junto con las formas irreverentes con las que ocasionalmente se expresan. Mientras que no me siento con derecho de llamarme un “jugador nuevo,” experimenté un poco de esto cuando un miembro particularmente distinguido de “la guardia vieja” me dijo después de mi Discurso Presidencial que había “ensuciado” la dignidad de mi oficio haciendo demasiadas referencias “desconocidas” a la cultura popular (por ejemplo a South Park). Otra voz eminente de “la guardia vieja” recientemente me pasó una crítica que él había escuchado: principalmente que nuestras juntas anuales últimamente se han parecido a “audiciones para la liga junior.” Expliqué que nuestra Sociedad ha hecho una transición hacia tener procesos más democráticos, de abajo para arriba, respecto a cómo organizamos nuestra Junta Anual. Al menos desde que yo he sido presidente, nuestro Comité de la Junta Anual ha reunido a 38 paneles juntando las propuestas de casi 200 miembros y grupos de intereses. Ni esa Comité ni yo podemos o queremos dictar los resultados. Me mantengo convencido de que esta transición es saludable si vamos a mantener una organización de membrecía que tiene la meta de motivar y atraer a el total de nuestros miembros, aquí y en el extranjero. Es una forma de comunicar a los miembros prospectivos y a nuestros miembros estudiantes que no necesitan esperar décadas para que ellos también puedan ser brindados el privilegio de dirigirse hacia sus compañeros. Considerando que nuestra “guardia vieja” está dominada por hombres anglo-sajones del corredor noroeste, el cambio también es necesario a la medida que queremos que nuestros programas reflejen la diversidad geográfica, ética, racial y de género, de nuestra profesión. Por todas esas razones, espero que esta transición pro-democrática – que yo creo que se está extendiendo a todo lo que hace la ASIL – sea permanente. Al mismo tiempo, es verdad que muchos de nosotros, incluyendo los “jugadores nuevos,” son atraídos a la Junta Anual por la posibilidad de ver (y tener como mentores a) los practicantes y académicos más distinguidos de nuestro campo. Como lo sugiera la campaña presidencial actual en los Estados Unidos, muchos de nosotros anhelamos encontrar un equilibrio entre la sabiduría de la “experiencia” y las esperanzas jóvenes de cambio. Algunos años nuestras juntas tendrán que errar de un lado o del otro.

P: Su primera columna presidencial (mayo 2006) fue “Lecciones de una resolución,” recontando la resolución tratando con los temas pos-11 de septiembre adoptada en la Centésima Junta Anual después de un proceso que no fue poco controversial. Bajo su liderazgo, hemos desarrollado regulaciones para consideración de resoluciones de la membrecía general. ¿Dónde quedan las cosas ahora?

R: Adoptar esta regulaciones en sí fue algo controversial, puesto que algunos de nuestros miembros del Concilio Ejecutivo creían que el simplemente tenerlas fomentaría que se sometieran resoluciones. Mi comité ejecutivo presionó para que se adoptaran porque estábamos convencidos de que mientras que la Constitución de la ASIL continúe con la visión de la posibilidad de tener tales resoluciones, necesitamos tener procesos ordenados para tratar con ellas. En la ausencia de una enmienda formal a nuestra Constitución indicando que resoluciones jamás serían adoptadas (lo cual poco de nosotros apoyábamos), no veíamos ninguna alternativa. Una organización dedicada al estado de derecho no puede hacer otra cosa. A parte de batallar con preguntas previamente no resueltas, como la posición de aquellos miembros de la ASIL que ahora sirven en puestos que dificultan su habilidad de participar en dicho proceso, las regulaciones anticipan un proceso de tres etapas, requiriendo primero una determinación de “admisibilidad” por una mayoría de nuestro comité ejecutivo, un voto de 2/3 de nuestro concilio ejecutivo, y un voto comparable en nuestra junta anual. Significativamente, las regulaciones requerirían que votan a favor de adoptar una resolución lo hicieran solo si están convencidos de que la resolución no encontraría oposición significativa por nuestros miembros en conjunto. En consistencia con la historia de nuestra Sociedad, las regulaciones a propósito imponen obstáculos altos a adoptar resoluciones. Reflejan los puntos de vista que yo expresé ne mi primera columna, que a diferencia de la ABA, nosotros no somos parte de ese juego usualmente. Le doy las gracias a Diane Amann en particular, quien encabezo el desarrollo de esas regulaciones y yo creo que la ASIL es más fuerte ahora que las tenemos en pie.

P: Última pregunta, combinando su posición como profesor y su servicio a la Sociedad: ¿qué les dice a las personas, incluyendo sus estudiantes, para motivarlas a unirse a la Sociedad?

R: Tomando el riesgo de sonar como un anuncio en la televisión pública, les recuerdo de que como la universidad en general, la universidad invisible no es gratis y no se puede sostener sin ‘contribuciones financieras de miembros de la audiencia como ustedes.’


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Footnotes:

[1] Traducción llevada a cabo con la colaboración de Noemí Abasta-Vilaplana, estudiante de derecho de Columbia University School of Law.

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