IL.post from the American Society of International Law
President's Column
March 16 , 2007
La 101a [Centésimo Primera] Reunión Anual
José E. Alvarez

Tal como proclamamos orgullosamente en la propaganda de la ASIL, realmente “no hay nada en el mundo” que se asemeje a nuestra reunión anual. ¿En qué otro lugar puede uno encontrar a más de mil abogados internacionalistas y académicos intentando encontrar iluminación en (y conexiones entre) los más de 28 paneles y numerosas editoriales académicas? ¿En qué otro lugar puede encontrarse una combinación semejante de políticos, abogados destacados, gente con poder en los círculos de Washington, respetados árbitros y jueces, y funcionarios de gobierno – todos codeándose alegremente – entre jarras de café sin fondo – con animados (y casi agresivamente jóvenes) estudiantes de derecho, además de académicos algo nerds de los que sólo otros colegas (tan nerds como ellos) han oído hablar?

Si mis cáculos no fallan, la de este marzo será la vigésimo quinta reunión anual a la que asista, y tras todos esos años puedo decir con certeza que el encuentro sigue siendo el festín intelectual de siempre. Una cosa sí ha cambiado, claro está: al principio me colaba en la parte trasera de un gran salón del Hotel Mayflower en mi hora de almuerzo, con la credencial del Departamento de Estado todavía colgándome del cuello, esforzándome para poder oír pedazos de la sabiduría que brotaba de un podio lejano, ocupado por cuatro cerebros extremadamente inteligentes. (Por estos días, lo más probable es que no me encuentren absorbiendo silenciosamente el exceso de riqueza intelectual al alcance de la mano, sino más bien preocupándome de una crisis administrativa de último minuto o calmando los sentimientos heridos de ALGUIEN MUY IMPORTANTE cuyo nombre o afiliación institucional, por alguna razón inexplicable, hemos escrito mal en nuestros (increíblemente costosos) programas para la reunión).

Es fácil ver la continuidad entre una reunión anual y la siguiente. A pesar de que la composición de nuestra sociedad se ha vuelto más cosmopolita, y la entidad más sensible a la necesidad de acoger a un espectro diverso de miembros, algunos nombres y caras suelen aparecer en el programa año tras año – lo que resulta insoportable o reafirmante, según se quiera. Salvo algunas excepciones (como el inolvidable (y agotador) año en que los organizadores adscritos a la teoría crítica del derecho nos hicieron desfilar por una maratón de paneles que se realizaban entre las 7 a.m. y las 11 p.m.), la mayoría de las reuniones anuales están estructuradas de una manera similar: discurso inicial, paneles diarios de las 9 a las 5, seguidos por agradables recepciones/enervante asamblea general/aburrido discurso del Presidente/interminable banquete formal/paneles plagados de bostezos el sábado a la mañana/carrera al aeropuerto. Y, la verdad, sea dicha, algunas de las ponencias suelen representar más las predecibles preferencias de los exponentes que al mundo real – pero, aun entonces, los ácidos comentarios postmortem en los pasillos hacen que la experiencia valga la pena. Muchos de los grandes debates de hace un cuarto de siglo son sorprendentemente similares a los de hoy – y a veces, si uno cierra los ojos, puede imaginarse a los antagonistas de ayer en los zapatos de los que hoy están frente a uno. A los veteranos como yo pueden perdonársele algunos ocasionales sentimientos de déjà vu. ¿Eran los argumentos que sostenían los defensores y opositores al fallo de la CIJ sobre Nicaragua realmente tan diferentes de aquellos que ahora defienden o se oponen a la Operación Libertad Iraquí? ¿Puede ser possible que todavía estemos debatiendo sobre los méritos de la Convención del Derecho del Mar o bien si el derecho consuetudinario internacional insiste en que se pague una indemnización tras la adopción de medidas que “cercanas a la expropiación”? ¿Es realmente posible que todavía estemos intentando “equilibrar” los derechos y responsabilidades de las compañías multinacionales con las de los estados en que operan?

Y, claro, como alguien que está involucrado en la Sociedad, ahora sé también que debajo de las similaridades superficiales, las reuniones anuales cambian mucho de año a año, y no sólo en su tema o el hotel que las alberga. Sé, por ejemplo, que la versión de este año es el producto de un inusual intento de reflejar una democracia que parte desde las raíces en vez de que permitir una dominación vertical de comité. El aplicado comité de trabajo de la reunión anual de este año, liderado por Chantal Thomas, Charles Hunnicutt y William Aceves, optó por darle una oportunidad a las propuestas de paneles provenientes de todos los miembros de la Sociedad, y no sólo a aquellas de los grupos de interés que existen al interior de la colectividad. Su llamada abierta a ideas para los paneles y panelistas tuvo un éxito mayor al que cualquiera hubiese esperado, arrojando cerca de 80 propuestas que entraron a competir por los 28 cupos que permitían el presupuesto y el espacio físico del que se disponía. Si bien no tengo ilusión alguna de que el resultado de ello vaya a recibir menos críticas que en el pasado por parte de aquellos que no resultaron seleccionados, la reunión de este año puede decir con más solidez que en años anteriores que se ha producido una representación democrática.

Una parte de mí no puede aguantarse a escuchar lo que nuestros miembros y luminarias invitadas van a decirnos sobre “El Futuro del Derecho Internacional.” Espero con ansiedad escuchar la crítica del premio Nobel Joseph Stiglitz al orden económico internacional (e incidentalmente de las instituciones financieras internacionales) – y oír cómo le responde, durante la ponencia inaugural Grocio, Rachel Kyte, de la Corporación Financiera Internacional. Sospecho que muchos de los temas de Sitglitz también saldrán al debate en el variado conjunto de paneles sobre el derecho económico que se ofrecen en el programa – sobre la Ronda de Doha de la OMC, inmigración y comercio, derecho internacional privado, la enseñanza y la investigación del derecho internacional, la litigación transnacional en los tribunales estadounidenses, la Convención de las Naciones Unidas sobre Venta de Bienes, el arbitraje sobre inversiones, y las visiones del consejero general sobre el impacto del derecho internacional en las compañías multinacionales. También tengo la sospecha de que el ganador de la medalla Hudson (y leyenda del derecho internacional) Andreas Lowenfeld se encargará de referirse a todo esto y mucho más en el curso de la entrevista que le hará otra leyenda, el decano de la Escuela de Derecho de Yale Harold Koh.

De manera muy apropiada para un año en que el documental “An Inconvenient Truth” recibió un Oscar, el primer panel de derecho ambiental estará destinado a discutir si los decisores de disputas internacionales jugarán algún rol en el problema del cambio climático, mientras que paneles vinculados a éste analizarán si los abogados están listos para enfrentar desastres naturales futuros, como tsunamis, huracanes, terremotos y asteroides, o bien la degradación de los recursos naturales del planeta causada por el hombre. El futuro de la seguridad internacional será el tema del caleidoscópico discurso de la cena anual que pronuncie Philip Bobbit, autor de The Shield of Achilles y el aún inédito Terror and Consent, así como de paneles acerca del rol de la Corte Suprema de EE.UU. en la “guerra contra el terror,” la seguridad de la frontera entre Canadá y EE.UU., el régimen de no-proliferación nuclear, y la interacción entre los contra-insurgentes y los terroristas. El futuro del desarrollo será abordado por expertos de la academia y el mundo profesional, que se referirán al derecho internacional de la salud, de la comida, y de internet, así como los temas de dominio surgidos del conocimiento tradicional y los recursos genéticos. Además de ello, dos paneles, uno de dos dedicados a académicos jóvenes que respondieron a un llamado abierto de la Sociedad a presentar trabajos, se referirán a los proyectos de transformación jurídica actualmente en curso en África. El futuro de la teoría del derecho internacional estará representado por un panel plenario compuesto de las máximas estrellas que reunidas en Georgetown se referirán durante una tarde al tema central de la conferencia, así como por paneles centrados en las políticas de identidad (un panel sobre identidades sexuales, una mesa redonda sobre ciudadanía), el imperio del derecho, la ética de la abogacía, democracia y género, y actores no/sub-estatales y los problemas de gobierno transnacional. Los que busquen enfoques más prácticos o concretos podrán asistir a presentaciones sobre los esfuerzos transnacionales de las escuelas de derecho estadounidenses, el uso de la tecnología en la enseñanza e investigación del derecho, reuniones de grupos de interés a tempranas horas de la mañana, o a un panel sobre la internacionalización de las sociedades de derecho internacional. El futuro de los derechos humanos será abordado en paneles sobre los hitos post-Sosa en los tribunales estadounidenses, la promoción de la justicia social, los legados y realidades actuales de la esclavitud, los esfuerzos de reformas institucionales en el campo de los derechos humanos, foros judiciales alternativos para los esfuerzos de justicia transicional, y las perspectivas futuras para el derecho internacional del trabajo.

Finalmente, para aquellos que no se queden satisfechos con dedicarle sólo dos días y medio a estos asuntos, está la posibilidad de expandir sus horizontes intelectuales quedándose una semana completa en Washington D.C. gracias a un conjunto de eventos programados para coincidir con la reunión anual de la ASIL. Éstos incluyen dos días de paneles de conmemoración del vigésimo quinto aniversario del Programa de Estudios Jurídicos en la American University, un programa conjunto de un día de duración entre la ASIL y la Universidad George Washington sobre los Derechos de Propiedad Intelectual en India y China, un programa de un día de duración co-patrocinado por la ASIL y el Tribunal Administrativo del Banco Mundial sobre los Tribunales Administrativos Internacionales y el Imperio del Derecho, el lanzamiento de un libro co-patrocinado por la ASIL y el Instituto Estadounidense para la Paz (para celebrar a Council Unbound: The Growth of UN Decision Making on Conflict and Post-Conflict Issues after the Cold War, de Michael J. Matheson), o la cuarta conferencia anual de medio día organizada por el Instituto para el Arbitraje Transnacional y la ASIL, que en esta ocasión versará sobre El Futuro del Arbitraje entre Estados, evento que concluye justo antes del comienzo de la asamblea general, el miércoles 28 de marzo. (Para obtener los detalles de todos estos programas, así como un programa actualizado de la reunión anual de la ASIL, visite asil.org).

A pesar de que la reunión anual de este año incluye al menos un panel que promete entregar una perspectiva histórica – una retrospectiva de la Convención de La Haya de 1907 y los Protocolos de Ginebra de 1977 – su promesa más específica se refiere a mirar hacia el futuro, al segundo siglo de la Sociedad, más que hacia el pasado.

Aquellos que se dedican a examinar cómo las sociedades antiguas han prosperado o fallado, y especulado sobre las razones de ello, extraen de ello lecciones históricas. Al final de una deprimente revisión de las catástrofes naturales que, en su opinión, contribuían a explicar el colapso de diversas importantes civilizaciones, el exitoso autor Jared Diamond (en Collapse (2005)) encuentra “razones para tener esperanza” de que las sociedades de hoy – incluyendo la nuestra – no tienen por qué estar condenadas a un derrumbe súbito justo después de haber alcanzado la cima de su poder. Diamond sostiene que, a pesar de los alarmantes paralelos entre los casos previos de colapsos y nuestra sociedad, existe una diferencia promisoria. Gracias a la tecnología moderna y a la capacidad de acceder con rapidez a los mayores talentos del mundo para resolver nuestros problemas, hoy tenemos un poder de aprender del pasado que le fue negado a muchas civilizaciones antiguas. Ahora tenemos la capacidad de evitar formas desastrosas de pensamiento de “grupo” o “multitud,” caracterizadas por una sensación prematura de evidente unanimidad y la supresión de cualquier duda personal o de la expresión de visiones contrarias. Diamond sostiene que las mismas fuerzas que nos amenazan – la interconexión global que nos expone a los terroristas de Afganistán o al cambio global – también nos permite saber qué está sucediendo al otro lado del mundo de una forma que le era imposible a la civilización maya clásica o a la griega micénica 2000 años antes. Las comunicaciones instantáneas y las porosas fronteras que presentan serias amenazas a la seguridad nos permiten también enterarnos y aprender de los desafíos que las distintas sociedades enfrentan alrededor del planeta. Actualmente poseemos un poder para escuchar a y aprender de aquellos en situaciones distintas a la nuestra que no tiene precedentes en la historia de la humanidad.

El libro de Diamond sugiere que todo lo que necesitamos para evitar un colapso es la capacidad de escuchar, una mente abierta, y la disposición para aceptar directrices de una variedad de disciplinas. La reunión anual de la Sociedad es un lugar en el que puede producirse ese aprendizaje interdisciplinario global que le da esperanza a Diamond.

En suma, es un lugar perfecto para revisar “El Futuro del Derecho Internacional.”


IL.post © 2007 - The American Society of International Law